martes, 17 de septiembre de 2013

Intento del abandono



Nunca un dolor es el último, por fuerte que sea.
Lo supe, después de verme el rostro en mis manos apagadas
aquella mañana, donde no cerraron las puertas de la noche.
Calibre el miedo, el recuerdo como el lado impuro de la mente.
Me abandono, por abandonar los que residen en mí
dejo la tenacidad de sus gustos
dejo el armario de sus culpas.
Verme de afuera, eso quiero.
Tenerme en cualquier extranjero
saber de qué está hecha esa necesidad de volver;
Aunque sepa a labio herido,
quien abandona
no deja fecha de regreso
no se despide
radica una violenta pasión
en su caminar, tal como se marchan los barcos
y en su lentitud desaparece la marea cortada.
Qué pequeña es la muerte
cuando nadie te espera.


Wilfredo Arriola

lunes, 2 de septiembre de 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

Abandono



La casa me abandona
yo no tuve el valor de hacerlo por ella.
Me persigue la sombra de sus sillas
el alegato después de una noche de insomnio
no podría partir así
partirme
como se parte la luz al cerrar una puerta.
Debo en mi licor de la palabra
permanecer desentendido
ese no asumir mi estancia
adonde tantas veces sude tu ausencia.

La casa cuenta sin mí
como dando golpes con su viento
entre su techado
entre el cerrojo
frontera de las decepciones.
Mas no hay nadie
ni paredes adonde poner cuadros
que relaten mi sensibilidad
mi ojo herido
la vanidad de la permanencia
el tic tac del corazón.
Presumo en mi humanidad
el delito de abandonarme
de saberme rozado de balas
de describirme desnudo
al pie de cualquier salón donde soy ajeno
ajeno sin tierra para el deceso
sin la tenaz hoja de tu verano.

Abandono el árbol
que no plante
en ningún cuerpo
suficiente es ir por la vida
tan lleno de culpas
sabiéndome
apátrida
casi sin mí
casi sin nada.
Me sobra una excusa
que no podrá encontrar una casa
para poder contarse
como yo quisiera.
La casa me ha abandonado
justa razón tiene.



Wilfredo Arriola

De Insomnio: Las horas que marcaron un final

lunes, 19 de agosto de 2013

Sos un a veces...


Sos un a veces
un quizás
un tal vez
no por duda
sino por seguridad
que termina siendo 
la única forma de no salir dañada
de las guerras que empiezan con besos
y al final con labios cerrados.

Duele:
Uno como si nada
Pero dentro:
se quiebran los cristales
se tiran las almohadas
se deshacen los poemas
se rompen las sabanas
los muebles se tiran
se atenta contra las paredes
te descompensas en el suelo.
Y la muerte pasa a ser una necesidad
más que un dolor.
Saberlo
es poner en vergüenza el mismo infierno.
Más afuera no pasa absolutamente nada
ella
estaba triste.
 

Wilfredo Arriola 



lunes, 8 de julio de 2013

Carta de despedida: Notas en el camino




Escribo estas letras con más desamparo que ganas. He recorrido el último tiempo a solas, sin más noticia que el recuerdo y a estas ganas les da por morir a cada rato.

La tristeza siempre como lazo roto de las emociones, de pasiones sin sentido, y de tacto la soledad. No estás y por los últimos resultados de los días, asumo que tu firma de ausencia se escribe sola, reconozco la virtud de la conciencia en recrear una legitimidad pésima e incorruptible, no soy de tus emociones, mi palabra no ronda otra cosa que no sea que tu recato, lo he notado, he considerado amurallar mi presencia y volver cuando el azar lo diga, quizás en una rota esquina, quizás lejos de todo esto que mucho se le parece al fuego, porque quema y aleja, enciende los caminos pero solo los de partida.

La soledad crea personajes que luego se convierten en fantasmas que dicen la verdad, pero todo sucede amada, los hilos que nos ataban son ahora las señales que nos dividen. Creo que partiré, porque la felicidad no responde a ilusiones de paso, dejo libre entonces esta estéril conversación que apremia a la debilidad de saberse tan herido y a pesar del daño; seguir… como quien va con su rumor de adolescencia perdido de llanto, hemos llorado tanto sobre la misma historia que todo parece poco, hemos aprendido a resignarnos solo con el cuerpo, cosa fácil, lo difícil es que lo asuma la parte blanda de uno; el corazón.

Asumo esto y de seguir así, entraría en una fina deslealtad con mi persona que niego a someterme, y a ti a ensuciarte de esa desfachatez de vanidad. No reparo en los numerosos halagos ni en el destino que creé con partes de una felicidad de urgencia o de contingencia, que con recurrencia siempre inventamos, las razones sobran y el tiempo más, para poder deslindarse de nuestra propia autonomía y así corromper con palabras sin sombra las pasiones antes mencionadas. Sé que lejos de ti estoy lejos de todo, de las cosas sublimes que creamos que temo murieron sin la compañía de dos, nunca se fueron con uno sólo que al final es donde los amores crecen, cuando se van por separado a fundirse en la memoria de cada quien para idealizar un nuevo amor, temo que no, que murieron apenas empezaron a respirar lejos de cada quien. A eso le debo respeto, también al vértice encadenado de tus miradas y al descontrol que propiciaban tus palabras perdidas en los gritos, te debo y me debo mucho, lo sé.

No diré más porque se nota cuando uno termina dando más afectos que augurios, las cartas fomentan una dosis de cobardía que espero superar, las noches seguirán igual y nada de esto el día de mañana será cierto, nada. No te vuelvas a leer el primero párrafo, porque todo de nuevo será verdad.

Con muchas ganas de conocerte

Wilfredo Arriola.




viernes, 7 de junio de 2013

Próximas lecturas de Wilfredo Arriola

Viernes 14 de junio Universidad de El Salvador Auditorio # 3 de Ciencias y Humanidades de 3: 00 a 5 : 00 p.m.  Wilfredo Arriola estará junto a Flor Serrano.



Recital de Ediciones La Fragua en el centro Islámico de El Salvador sábado 15 de junio a las 6 : 30 p.m. Wilfredo Arriola estará junto a Julio Iraheta Santos, Alberto López Serrano y Rafael Mendoza. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Despedidas

Se marchó. Lleva su piel recorrida
su trampa de boca
su exilio en sus piernas
todo el reloj en su mirada
me destruyo el paisaje
también dejo una historia sin sujetos.
Se marchó,
peligrosa como el amor
Y no sé hasta adonde llevará consigo su huida
Yo acá dudo de mi existencia
me dejo al niño que soy 
convertido en un adulto más
terriblemente uno más,
me dejo el miedo
y toda esta locura
que merece más que un poema.



                                                      Wilfredo Arriola 

miércoles, 17 de abril de 2013

Falso inventario


Ojalá te amara
como amo algunas cosas sin prejuicio
que entendiera 
que la libertad
es otra forma de tener alas
nadie puede huir
del eterno barrote
de la melancolía
porque la tarde nublada
a veces supera a la noche
a veces la rompe
la desgrana
sublime y desleal.
Es justa la lágrima que se derrama sin permiso
me abandono aquí.
Me voy sólo
no dejo a nadie...

Wilfredo Arriola.

lunes, 8 de abril de 2013

El timón es la palabra (comentario de Bitácora de Mauricio Vallejo Márquez)


EL TIMÓN ES LA PALABRA (comentario de Bitácora Mauricio Vallejo Márquez)
Explicar un poema es conjurar su secreto, más no en esta ocasión, donde las palabras son el timón que maneja el barco por el extenso mar de la actualidad. La marea ha pronunciado el nombre de Vallejo Márquez, Bitácora lo comprueba. Leer este libro es hacerse parte de la tripulación, es leer los silencios de la marea, los secretos en cada ola, entender sus misterios, estos que muestran la piel de cada historia contada parte por parte.
Cada trozo de este poemario es un día en la embarcación de nuestra vida; donde se dan cita las emociones que nos gobiernan, como por ejemplo: la tristeza, nostalgia, alegría, vértigos, el amor.
El eterno Capitán que sin estar siempre está en las aguas versátiles de la vida. Con una extensa metáfora Vallejo Márquez hace alusión del mapa acumulado en nuestra existencia, ondeándonos por el extenso mar, imaginándonos paisajes mar adentro, huyendo de nuestra propia vida para reencontramos con un tajo del océano, ahí adonde se comparten los latidos, los que solo ocurren navegando dentro de sus líneas para surcar sus emociones, nuestras emociones.
Sentarse frente a las costas es un ejercicio tan pacifico que por momentos hace que olvidemos cualquier momento de desequilibrio en nuestro caminar. Me ha sucedido al leer las líneas del más reciente libro del reconocido escritor Mauricio Vallejo Márquez. Él se ha sumergido mientras lo escribía, y ha sabido en realidad que la poesía es unir dos soledades, él por su lado acucioso de la palabra, y uno de lector por la brisa de sus versos; sus lunas en el horizonte, su mar bravío, su sangre mezclada, los trajes que se prueba por las extensiones de ese eterno mar que a todos nos ha conmovido en más de una ocasión.
Y hablar del mar no es tan fácil como se cree, porque tocar paraísos populares y tan amados por la humanidad resulta abordar una delicada línea de lo conocido, meterse en las intimidades de los lectores, tocar sus zonas blandas, levantar velas y ondear con el viento de su poesía. En mi caso personal las logro agitar, fungió con sus imágenes, recordarme las tantas veces que he pisado el mar, de verlo desde otra perspectiva, de verlo ahora incluso diferente. Los buenos libros son los que nos marcan los lugares amados.
“Sabía que moriría en el mar / rodeado de llanto /sin ningún ser amado en la cercanía”
Así es la poesía, una luz sin sombra que despinta las escenas románticas para convertirlas en algo que late y no deja de ser hermoso. Callar en el mar es cederle las palabras a las olas y que hablen su misterio como ya lo hizo Neruda en su poema “farewell” o José Espronceda en “la canción del pirata”. Tantos que podríamos citar bajo estos menesteres, pero en este caso ha sido el turno del poeta salvadoreño que ha pulso ha traído la constancia de su literatura, con su cronología marítima mostrando las etapas del hombre dentro de su largo poema al mar. Su Capitán, sus días, sus noches de sangre “la lágrima eterna que se quema en el mar” todas sus honduras, su analogía de vida comparada al mar. Basta concluir de la forma más recurrente y sincera: Bitácora encierra otro estilo de vida que sólo la cobra cuando abandonamos la ebullición de la urbe y volver adonde tantos deciden morir… El mar. “mientras lea que me amas en cada ola/ aunque la marea no pronuncie tu nombre…”
Wilfredo Arriola

Presentación de Bitácora. Un libro al mar

Fragua El Salvador y Islam En El Salvador presentan : Bitácora del escritor y poetaMauricio Vallejo-Márquez. Todos/as invitados 


domingo, 10 de marzo de 2013

Domingo


Lo que más pretendía era disimular las ansías, perderme entre las fotos que nada saben de mí, sumergirme en las redes sociales. Era así, pasaba desapercibido las horas, miraba una que otra foto en perfiles ajenos, buscando perfiles falsos que dijeran la verdad, fotos con ropa de domingo, con fiesta en la piel y en los ojos un poco más que pasión… en ese ejercicio jugaba a gastarme la mirada, de pronto el Internet dio su falso paso, mientras ruleteaba las fotos y quedó la foto más sincera; mi rostro reflejado en la pantalla del ordenador, demacrado con ropa de lunes, el pelo corto limitado de vida y quizás de rebeldía, ojeras vistiendo mi rostro y poniéndole luto a la mirada. 

La foto no cargo. Ese espejo negro de la espera también enseña, esa sensación de vacío también llena. Lo sé…  era domingo, pero desde hace tanto tiempo que no termina ya…



lunes, 18 de febrero de 2013

Huir


Huir de los sentimientos con escarcha
Huir de las brisas lentas
Huir de los besos marcados en papel
Huir de uno mismo
Huir solo
Huir
Huir de las legítimas lágrimas
de los rincones
de la causa del suicidio
de las ansiedades del negro del día
Huir a prisa, lento, moribundo
Huir de todo aquello que demande dolor
Huir de la canción asesina del tiempo
Huir inerte
Huir al contrario
Huir de la piel de las manos
Desamarrarse las líneas de las palmas
Huir insolente
sin memoria
Huir homicida
Huir sin punto cardinal
Huir inclemente
Huir del trago
de la barra
del eterno brindis
del sosiego
del silencio
de vos
Huir es ir al revés
Y no hay nadie
ni yo queriendo llegar
donde no hablen de ti
Huir
de la letra H al uir
Huir
es postergar.
Huir
es decidir por la incertidumbre
Huir
es llenar la maleta repleta de nada
Huir
es dejar un columpio vacío
Huir
es decir adiós recordando.

 Wilfredo Arriola



lunes, 28 de enero de 2013

Poema Negro



Es de noche en este poema
lo siento por el traje negro de los versos,
por la época que se vive dentro de el
basta ver dentro,
para oír los grillos agavillarse en las ramas del pasado.
Ver tu cuerpo lavando la ropa
en las piedras del infortunio
deshacerse en el recuerdo.

Es de noche en tus ojos, 
perdidos en su naufragio
Mis manos ya lo saben todo
tantas lunas apagadas,
tanto calibrar el temblor
de lo incomprendido 
araña el alma.

Señalar a puño cerrado, así te vivo,
como quien malvive una alegría en una hoguera
los anteojos del tiempo usurpan mi lozanía
soy agua que se seca entre los labios de una amante
pidiendo perdón
pidiendo luz
entre tanta oscuridad despavorida.

Miedo…
de conocerte atada a otra mano
de entender esta noche,
como el argumento de lo incomprendido.
Amada, mis manos ya lo saben todo…

Wilfredo Arriola

domingo, 23 de diciembre de 2012

Feliz Navidad y feliz año 2013




Creo que he cumplido con quién he querido, mejor que ellos con migo. He saludado a quién he querido saludar, he asistido adonde me han invitado y también he ido a lugares que iba más mi razón que mi piel. Creo al final que uno termina haciendo y siendo el mismo inventario al final de los años, pero la mirada cambia y las cosas que antes parecieron ser autenticas se han alterado. He visto mentiras convertirse en verdad y viceversa, también le preste mis ojos a la tristeza y mi boca a la alegría; llore, reí, baile, resumiendo viví.

Vivo con el peso de todos los años, también ame igual, comprometí mi moral en unos brazos que ya no están. El tiempo ha pasado rápido, mire amores del pasado y en mis ojos cayo el ancla de la realidad, reiteré tanto tiempo que pudo pasar en mis ojos y sobreviví  con la alegría de no sentirme parte de un pasado, que tanto dolió. Conocí personas eternas que ya no están, consolide amistades con personas que sin saber se metieron en lo mío y me enseñaron a que conociera mi verdadero nombre, ayude con delirios, me ayudaron escuchándome… sentí el brazo de la calma en mi hombro cuando ya no sabía qué hacer.

Le vi pasar tantas penas a unos ojos dañados, me hice parte de ellos, de ellas. Porque la angustia y la desesperanza siempre son motivos de empatía, viví las notas del piano junto a ellos, ver lo que se desploma era desplomarme también. Así soy, con un imán en la memoria, con una mano blanda que acaricia las noches de enero, de abril, de agosto y ahí hay que morir…  Sentencie en cada mes que no tengo otra patria que no sean sus ojos, pero la memoria traiciona  y me he quedado apátrida, sin luz… sin un futuro menos claro. Ha sucedido tanto, he llegado a sitios a donde la plenitud es cuestión de una decisión, puesto me he quedado asombrado al ver lo fácil que resulta el bienestar.  He reído  al compás de una canción asignándole completa reverencia a un futuro de rosas. Conocí el insomnio más aun, me hirieron las garras de la enfermedad, brinde con nadie y brinde entre amigos. No sé al final que valdrá la pena, pero yo este año me he llevado mucho, se ha quedado con migo; tormentas, besos, golpes, poemas, amigos, publicaciones, desengaños, alegrías.

Ahora queda dejarse más suelto ante lo que venga y abordar cada momento, como quien aborda su último momento, vencer la prisa y sobrevivir a tanto. Nada es para siempre, ni el olvido.

Desde mi trinchera te deseo toda la plenitud que das, los besos que entregues, los pechos que aprietes, todas las lágrimas que sean de felicidad y si no que no lo olvides. Te deseo una tormenta segura y la tranquilidad de una madre sonriendo, a por todas.

Feliz Navidad y feliz año 2013.

¡Brindas por mí, por todos! 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Lo terrible


A veces el hincapié es una especie de condenación anticipada, volver a esta cama y hacer el crudo inventario de los amores pasados es algo que hiere tanto, que ya no sé a quién culpar.
Diría que la vida me ha sabido golpear, muy a su modo, indeleble y soez. Asesta sobre mí, un estilo de acento trágico. Me siento vulnerable. A penas sé encontrar una piel que sea mi plural y de pronto la vida se vuelve angosta, los camino firman títulos solamente de ida; nunca de vuelta. Coincido ahora, que la recamara se canso de ser testigo, y de verme perentorio, sacando conclusiones de todo, sabiendo a mi parecer que las cosas del amor, nunca serán tan fácil, como hacer una valoración de los hechos, como comentar del que se fue y se le olvido de donde partió, o resumir que la dignidad es asunto del exclusivo amor propio.

Lo terrible es llegar a un puerto, llámese: casa, habitación, parada de autobuses, cualquier anden de la ciudad, un barroco pueblo, la espera de un amigo que pronto regresara. Saberse ahí y no encontrar la palabra correcta para vengarse del propio mal, de encontrar algún concepto que le dé nombre a lo intangible pero certero. Solo las noches vigilan la perdida de la mirada, cuando se siente el puñal pasajero de las horas, y viene el recuerdo como barco sobre el mar, poniéndonos en escena los dorados días que parecían los trofeos de ese entonces, recordar la felicidad de lo pasajero, incluso recordar esas alegrías que ahora son nostalgias por ser educados y no citar a la tristeza como referente.

Mirar atrás es entregar al cuerpo a la nada, olvidar esto que no pasa. Lo terrible es saber –como duele la conciencia- que lo blando paso a ser duro ya. Qué no se puede vender uno así por así, con una sonrisa, con una llamada relatando necesidad, con un beso largo de despedida, con estar antes diez minutos del lugar. Qué no se puede vender así de fácil ya; lo que llamamos amor.
Volver al pasado como ejercicio normal, escudriñar, rechazar, negar. Pero ¿Qué hemos aprendido? 
¿Ponerle cara fuerte al presente y parecer inmunes? No lo sé, las preguntas internas solo buscan responder hacia el dolor. Y  está vena, parece ser un atajo al conformismo, qué no debería, pero a veces me gustara también decidir por mí, la soledad siempre es elegida, las respuestas son prefabricadas, la música termina diciendo lo mismo, y la ropa entre más básica mejor, los espejos no saben ocultar la verdad y los rotos no mienten. Lo terrible también es huir de nuestro propio cuerpo, lo malo es que casi siempre llega al mismo lugar, y eso de hace tiempo dejo de existir o lo peor, nunca existirá. La verdad por sincera tiene pocos aliados, y los que son, aprender a saber, y no por estar, puede parecer fiesta. No, no lo es.

Quizás inicie este nuevo párrafo con una palabra que pone dudas en mi saber, porque pocas certezas poseo: La primera es que estoy solo y la segunda que mañana será igual. No quiero saber que la cruz de lo perverso lleve nombre de mujer, sería injusto, considero más injusta la poca valoración como ser humano, y la demasiada asignación a lo perdido. También la desgracia corre por nuestra propia cuenta. Hay muchas cosas terribles, los domingos iguales, la rutina de los demás días, el café con el mismo recuerdo, el respeto al vicio, la sensibilidad de las lluvias, las ironías de los tomados de la mano, seguir leyendo los mismos poemas de amor, seguir cantando las canciones que nos dejan dolor. Hay algo de ironía. La justicia de las noches es devorarnos el recuerdo, pero hasta la arena llega un punto en que deja ser un buen terreno para la huella... 

¿Qué nos queda? Buscarle otro concepto al domingo, huir de la rutina, considerar el té como metáfora del vino, perderle el respeto a las lluvias, comprar cortinas, odiar los parques, encontrarle defectos a los poemas y pensar por escuchar a uno que otro cantor… Como si la vida fuera de decisiones, como si vos te subiste a mi barca  pensando que yo era el mar, y supiste que solo era río… Hay quienes lo saben y ahí en eso de la conciencia radica el dolor.

Lo terrible, lo que duele, lo ilícito: es aprender a morirse en el mismo nombre, invitar a la cama cada día a quién nunca llegara. Lo insano es seguir creyendo que todo cambiara, ya lo dijo Sosa, y lo de ella no fue un verso sino un himno. Todo cambia, pero adonde no sé quiere cambiar que lo maten con sus propias balas. 
Lo terrible, es que acá sigue el mismo frío con que inicie y no ha cambiado nada…

Wilfredo Arriola

sábado, 17 de noviembre de 2012

Paisaje etéreo

¿Qué palabra rima con el olvido?                                                                                                                       ¿con el silencio?
¿qué gano con respirar tus sobras?
si de mi tienes todo mi suspiro
¿qué gano con oler tus huellas?
si en mi geografía, avante haces un camino.
Llorar no es la mejor respuesta para la verdad
es un atajo largo para el olvido.
Pero la luna emerge distante en noches de frío,
las estrellas sin luz avisan del dolor de una mirada perdida
las nubes sin invierno, también saben llorar hondo en la herida
No dudes de tu rostro por mis inquietudes de niño sin pelota
de juicios sin leyes, de nostalgia sin tiempo..
Para entender la razón hace falta deshacerse de la mesura
encontrar en el verso una mirada de respuesta inmediata
¿qué palabra rima con tu nombre?
Muchacha de iris olvidado,
de dudas como gaviotas pintadas
como tildes en los mares de tu país,
la pasión que despides, la arena que mueves, la risa que sofocas.
Todo se resume cuando en silencio cavas nuestras iniciales
y le devuelves a la arena, lo que el tiempo nos ha prestado.

Wilfredo Arriola

viernes, 2 de noviembre de 2012

Dialogo de la noche




La lastimada noche descansa en el halito de la mirada.
El tiempo dentro de la marea 
es una ola
que canta el sosiego vertiginoso
de la anotomía 
de luz.

Una gaviota en pleno vuelo
deja el rastro 
como un crayón nervioso
en la hoja del niño cargado de ira.

Voy a huir
lo sé por el pulso de mi puño
negado a escribir el verso que titule
el hambriento néctar
de la soledad devorada
en el desván de la ventana.

La tinaja vacía me recuerda
que nada promete más
dentro de una desinflada voz
sedienta de esperanza.

Voy a partir 
y la noche
se reposa en las montañas 
de un país que me niega.


Luciérnaga rota
en un bosque de rostros olvidados.


La cartera olvida mis neceseres
así como también la noche
aprende a amanecer sin mí.

Wilfredo Arriola 

domingo, 7 de octubre de 2012

Inventario de Ventanas (reseña del libro Ventanas de Lya Ayala)

Inventario de Ventanas (comentario del libro Ventanas de Lya Ayala)

Al momento que adquirí Ventanas de Lya Ayala, no sabía que aquel libro también era una llave. Una llave que daba paso a aquella casa, donde figuraba un mar imaginario, estirpe de la poesía en general. No solo eso, le construyo a su vena poética una casa dentro del mar. Entro a ese espacio y me entero del silencio contemplado de
sde una silla, de la mirada ensimismada de la poeta, del poeta, de todos los poetas que nacen dentro de su mirada. Onda por inercia de la observación. Aquella ventana era la frontera de las sombras, del tiempo, de las pieles, del auto cuestionamiento, mezclando la inteligencia con la intimidad de todas sus dimensiones.
La anatomía de ventanas, es resumir años, plazas, aeropuertos todo dentro de sí. Se carga de historia sus páginas. Entrar a Ventanas es prestarle los ojos a la autora, medir el tiempo desde su sala, ver como se seca la tendida ropa de la piel de sus inventos, es ser lluvia y llover desde su mirada. Dejar que hable su silencio, ver crecer la naturaleza desde su habitación, ver morir sus miedos.


Cada paisaje, las tantas horas del día arremeten en contra, mejor dicho, a bien de la poesía. Lya abona con sus letras una especie de sensibilización humana, dejar en relieve las circunstancias tan ligeras de la vida, esas que nadie señala con pasión; como una hormiga solitaria buscando su camino, como la tristeza de los cristales, la sombra de los pequeños árboles. Así como también tantos elementos. La plenitud es algo que sucede de la piel para dentro, en este caso de la Ventana hacia adentro, del alma a la letra, de la palabra al sentimiento. Recorro la casa, soy invitado. Los pasillos me muestran las mariposas, verlas es subir la colina, y subir la colina es nombrar de nuevo a la vida.


Cada parte es una escena, sin reglas, una soledad decidida. Ventanas es la mirada larga, sin interrupciones, están de más, comas, mayúsculas. Un camino que sin detenerse, nos logra suspender. He entendido que los versos son una partícula, quizás una palabra, un cuadro que adorna sus paredes, una flor dentro de su vasija, un reloj que asigna tiempos irrevocables, tiempos vitalicios.
Recuerdo el poema “Puertas” donde asumí conversación imaginaria con ella, en la sala de estar, de patio, el mar; la ventana de testigo, sus ojos describiendo el verbo amar a rabiar. Sentirla decir el momento preciso con cada parte, con los dedos, con las palabras, con las manos. Eso es amor, su puerta, sus ventanas.
La oralidad de la poeta me dejo la inquietud de sus hazañas, digo oralidad porque es imposible no alzar la voz y sentirse dentro de la casa, tomarse un tiempo a solas, reivindicarse con el “Yo” nuestro, retomar las cuentas personales y hacer de ese tragaluz una nueva mirada. De mi parte aun conservo esta llave, de pronto agarro mi imaginación y veo como el agua duerme en el mar.

Wilfredo Arriola





publicado el día sábado 6 de octubre en el suplemento 3000 Diario Co-Latino El Salvador